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Entre las faldas del volcán de Conchagua descansa desde hace 317 años una de las iglesias más antiguas de nuestro país. La iglesia colonial fue construida en honor a Santiago Apóstol en 1693 por Wenceslao Ramírez y Antonio García. Este joya arquitectónica no es rica en ornamentos pero si es un ejemplo digno de las construcciones centenarias realizadas con materiales ligeros. Está ubicada frente a la Plaza Central del municipio de Conchagua. Todos los días cuando el reloj marca la hora en punto, dos niños corren por la escalera de caracol y repican las centenarias campañas. El estilo arquitectónico es característico de la arquitectura colonial religiosa de su época. Se puede descubrir en sus nichos, retablos, columnas, capiteles, puertas y tragaluces las formas caprichosas del Renacimiento.
La fachada posee la sobriedad del Barroco. En el frontispicio se observan cuatro columnas adosadas a cada costado de la entrada principal. Los campanarios en los extremos de la nave principal completan un conjunto armonioso junto a las cornisas muy bien acentuadas. Tanto la fachada como las paredes principales tienen 1 metro 20 centímetros de espesor y están construídas con enormes adobes de arcilla y piedra con un revestimiento conocido por los pobladores como “Calicanto”.En su interior precen las maderas de cedro, caoba, conacaste, tempisque y hujuste. La nave central está compuesta por dos líneas laterales de siete columnas de un solo tronco. Estas sostienen el marco principal del techo. Los capiteles y ménsulas de las columnas están talladas de manera rústica. Dentro del templo existen unas 20 imágenes originales traídas -hace más de 300 años- por los españoles, así como reliquias y utensilios utilizados para oficiar la misa. Las diferente imágenes están colocadas en pequeños retablos de madera antiguos a los costados de la nave principal. A un lado de la entrada se exhibe la campana original de la iglesia que pesa alrededor de 22 libras.
ANECDOTAS CONCHAGUENSES
Por Carlos Ramírez.
DEDICATORIA. Cuando un pueblo o Ciudad no tiene historia escrita o narrada, donde se impregne su nacimiento y hechos fantásticos, trágicos, cómicos o narraciones que exalten la valentía, el sufrimiento, solidaridad etc., se convierte en un lugar muerto, sin una cultura propia. Es por esa razón que me gustaría que tanto la Casa de la Juventud, como la Casa de la Cultura y Alcaldía, recopilaran la riqueza que Conchagua tiene, y que se escucha a través de las narraciones orales, durante los velorios o eventos que se prestan para ello. He querido comenzar aportando parte de lo que mis oídos han escuchado durante mis sesenta y cinco años. Es muy poco comparado con lo que he escuchado, sin embargo, como dije, es un inicio; ¡cómo me gustaría ser dibujante para acompañar estas narraciones! o anécdotas conchagüenses… otra de las cosas que me gustaría, es que alguien me secundara en el sentido de difundir todo lo recopilado, ya sea editando un librito o folleto con ilustraciones apropiadas, incluyendo fotografías de antaño, que podrían ser con la tecnología moderna, escanearlas. También se podría hacer una comparativa con la actual; de tal manera que este libro o folleto nos proyecte turísticamente, porque turismo no es solo vender recuerdos, comida o folklor; junto al turismo debe ir la parte cultural literaria, narrativa oral, poemarios, historias, etc. Recibe pueblo mío, este legado de narraciones que no son mías, son de todos nosotros gracias a nuestros ancestros, lo único que he hecho es pasarlas a papel para que nuestros descendientes y amigos que nos visiten, las conozcan y las disfruten.

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